¿El vínculo con el padre depende del vínculo con la madre? Una nueva mirada a la teoría del apego
- Milton Eduardo Bermúdez Jaimes
- hace 22 horas
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Durante muchos años, la teoría del apego nos enseñó que la madre era la figura central en el desarrollo de la seguridad emocional de los hijos. Desde las primeras formulaciones de John Bowlby y Mary Ainsworth, el vínculo materno fue considerado la base sobre la cual los niños construirían todas sus relaciones futuras.
Pero ¿qué ocurre con el padre? ¿Su influencia es independiente o depende del vínculo que el niño ha construido previamente con la madre?
Estas preguntas han cobrado una enorme relevancia en las últimas décadas y han impulsado un cambio profundo en la investigación sobre el apego.
El padre dejó de ser un personaje secundario
Durante mucho tiempo, el papel del padre fue descrito como complementario dentro de la teoría clásica del apego. La madre aparecía como la principal fuente de protección, mientras que el padre era visto como una figura de apoyo cuya influencia era menor.
Sin embargo, los estudios más recientes cuestionan esta visión.
Las investigaciones transculturales y diversos metaanálisis muestran que esta representación del padre resulta insuficiente para comprender la diversidad de las familias actuales. En muchas culturas, los padres participan activamente en el cuidado, la crianza y la construcción de vínculos afectivos seguros con sus hijos.
Un estudio con familias colombianas
Con el propósito de aportar evidencia a este debate, realizamos una investigación con 281 familias colombianas cuyos hijos tenían entre 9 y 16 años.
El estudio evaluó dos aspectos fundamentales:
Las representaciones de apego que los hijos tenían hacia sus padres.
Las representaciones de apego que los propios padres habían construido respecto a sus propios progenitores.
La pregunta central era sencilla, pero profunda: ¿el apego del padre hacia sus hijos está influenciado por el apego de la madre?
Más de una figura puede ofrecer seguridad
Uno de los cambios más importantes en la teoría contemporánea del apego consiste en abandonar la idea de que existe una única figura principal de apego.
Hoy sabemos que los niños pueden construir vínculos seguros con varias personas significativas: madre, padre, abuelos u otros cuidadores. Lo importante no es únicamente quién pasa más tiempo con el niño, sino la calidad de las interacciones que mantiene con él.
Mientras que las madres suelen participar con mayor frecuencia en actividades de cuidado cotidiano, muchos padres contribuyen mediante el juego, la exploración del entorno, la regulación emocional y el desarrollo de la autonomía. Ambas formas de interacción cumplen funciones diferentes y complementarias.
El apego no es una copia automática entre generaciones
Durante años se asumió que los padres que habían desarrollado un apego inseguro con sus propios cuidadores tendrían, con alta probabilidad, hijos con apego inseguro.
Aunque existe evidencia que apoya parcialmente esta transmisión intergeneracional, los resultados de nuestra investigación invitan a ser más cautelosos.
Encontramos familias en las que los padres no reportaban historias de apego óptimo con sus propios progenitores, pero cuyos hijos mostraban niveles elevados de seguridad emocional y bienestar.
Este hallazgo sugiere que las relaciones familiares son mucho más dinámicas de lo que tradicionalmente se pensaba y que las experiencias tempranas no determinan inevitablemente el futuro de los vínculos afectivos.
La familia funciona como un sistema
Quizá una de las principales enseñanzas de esta investigación es que no podemos comprender el apego estudiando únicamente la relación entre un padre y un hijo o entre una madre y un hijo.
Las relaciones familiares funcionan como un sistema donde cada integrante influye sobre los demás.
La sensibilidad del padre puede favorecer el vínculo de la madre; la relación entre ambos cuidadores también afecta el desarrollo emocional del niño, y las características del propio hijo participan activamente en la construcción de estos vínculos.
Más que relaciones aisladas, hablamos de una red de influencias recíprocas.
¿Qué implicaciones tiene esto?
Estos resultados invitan a replantear algunos supuestos tradicionales de la teoría del apego.
Más que preguntarnos cuál figura es "más importante", quizá debamos comprender cómo interactúan todas las figuras significativas que acompañan el desarrollo infantil.
Esto implica reconocer el papel del padre no como una figura secundaria, sino como un cuidador capaz de construir vínculos seguros, promover el desarrollo socioemocional y convertirse en una verdadera base de seguridad para sus hijos.
Una reflexión final
Las familias del siglo XXI son mucho más diversas que aquellas sobre las cuales se construyeron las primeras teorías del apego.
Comprender esta diversidad exige modelos más amplios, donde madres, padres y otros cuidadores sean entendidos como participantes activos en la construcción del bienestar infantil.
Después de todo, un apego seguro no depende únicamente de quién cuida primero, sino de la calidad de las relaciones que acompañan al niño a lo largo de su desarrollo.